EL MURAL COMUNITARIO

Que es Quienes somos

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Un mural es como una gran hoja abierta, una hoja de cemento, pero no dura, ni áspera, sino suave y olorosa que espera de pie en cualquier lugar para abrazar, para que nos abracemos, con color, con manos, con imaginación: Con humanidad. Le miras y te habla, lo saludas y te hace una propuesta. Le sonríes y te abre caminos de memoria, caminos de esperanza, visiones de vivencias venideras deseadas con toda la fortaleza del alma.
Si. Un mural es un encuentro con la fe, con otra visión del tiempo que se manifiesta en contornos de color, en movimientos universales que acontecen en la mágica pizarra de una pared. Y por eso no son simplemente pared, son fotografías de sueños, de visiones de justicia, florecimiento de verdades que esperan solo ser invocadas.

Se trata de una posibilidad que no es medible en el tiempo ni en el presupuesto sino en la responsabilidad de crear una memoria propia, una visión particular del mundo, de los sentimientos y sobre todo del futuro. Es un modo de vivir, una entrega al Universo, del que hacemos parte, con todos sus seres en todas formas y colores, que nos acompañamos, complementamos, cooperamos. En aspiración a la harmonía del Universo y en visión de ella, en escucha de ella. Al pintar, pintamos nuestra visión del Universo, de la vida, de nuestro ser intimo.

Es un modo de vivir, una entrega al Universo, del que hacemos parte, con todos sus seres en todas formas y colores, que nos acompañamos, complementamos, cooperamos. En aspiración a la harmonía del Universo y  en visión de ella, en escucha de ella. Al pintar, pintamos nuestra visión del Universo, de la vida, de nuestro ser intimo.

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Un encuentro como este no puede tener otro fin que lo humano mismo, el reconocimiento de la diversidad que se acompaña y se solidariza con manos, palabras, imaginación humana. Una demostración ilustrada de colectividad y cooperación; una proclama en la cual afirmamos que juntos podemos mucho, que la creatividad y la transformación no es una labor de solitarios sino una responsabilidad de todas las personas.
Porque hay una búsqueda que moviliza esta propuesta. La búsqueda de una sociedad que entiende que el mundo es compartido, como las horas, las palabras, los sueños, la transformación material y cultural del mundo. Porque ahí se encuentra una experiencia pedagógica sobre la asistencia a la vida. Si nos acompañamos, nos necesitamos después, pero comprendemos que el mundo se hace más habitable y los desafíos más enriquecedores.

En el mural se dan dos cosas al tiempo, soñar y vivir intensamente. Lo primero porque se aborda la vida desde la intimidad propia, desde el anhelo más profundo; allí donde se da el brote de una exploración en todas las direcciones, en todas las emociones, para encontrar las imágenes, los colores, las identidades que están latentes en el corazón. Lo segundo porque desde el compromiso autentico con la imagen, con el entorno social y humano con el que se comparte, se despliega toda la fuerza solidaria para construir junto con otras y otros una obra, una creación autentica: Lo que hacemos es compartir una experiencia de color, escribir memorias de esperanza, de vida, de humanidad; humanidad sin fronteras; y estos colores son los colores de la alegría, la que ofrece la tierra a quienes desean asistir estéticamente a la vida.

Y en el mural se generan procesos tales como:

Una experiencia de encuentro social y un pacto para construir en conjunto, para compartir un espacio creativo con varias personas.

Una estimulación del sentido creativo, imaginativo y la independencia mental de las imágenes prediseñadas o de consumo.

Un ejercicio de memoria, clasificación e identificación de imágenes, personal, social y culturalmente significativas.

El fortalecimiento de la autoestima, la fe en sí mismo y en la comunidad.

La creación y diseño de un sistema imaginario, de imágenes, que son históricas, culturales, esperanzadoras, liberadoras y bellas.

Un sistema de comunicación pública, basado en imágenes comunes y diferentes que entran en dialogo entre si y con unos interlocutores cercanos o externos, inmediatos o futuros.

Comprender la dimensión del mural como un medio fértil para el encuentro de sentidos e identidades; espacio propicio para la memoria, la memoria vital que nos mantiene en un tramo de la historia, también la memoria para el futuro, la memoria venidera, la que contiene nuestras esperanzas, nuestros sueños, nuestros más íntimos anhelos.

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